Diagnóstico en Neurocirugía
1. Entrevista al paciente.
Constituye el primer paso en medicina a la hora de averiguar qué le ocurre a un paciente que reclama asistencia. Él mismo, a veces junto a sus familiares, relata los síntomas que le aquejan. Tras una escucha inicial, la entrevista prosigue con preguntas más concisas encaminadas a localizar el síntoma principal y su posible causa.
2. Exploración física.
Es un paso esencial que, junto al anterior, orientan a determinar la posible causa del problema del paciente. Los signos que el neurocirujano valora son, entre otros, el nivel de consciencia, la capacidad de entender lo que se dice y de expresarse, el grado de movilidad de los brazos y piernas, los gestos de la cara, la sensibilidad corporal, la dirección de la mirada y el grado de contracción de las pupilas a la luz, la forma y movimientos de la lengua, el estado aumentado, disminuido o ausente de los reflejos o la presencia de otros que no debieran estar. También se pide que el paciente realice gestos, mantenga ciertas posturas o se le moviliza de manera pasiva para averiguar el efecto ocasionado y así determinar si ciertos signos son positivos o negativos.
3. Pruebas radiológicas.
Gracias al desarrollo tecnológico de las últimas décadas son muy precisas y ricas en detalles. Además, están disponibles cada vez en más centros sanitarios y el acceso de los pacientes a ellas es mayor y más rápido.
La tomografía axial computarizada (TAC) es básica en neurocirugía. Basada en rayos X, su realización requiere de pocos minutos y es confortable para el paciente. Aporta información precisa acerca del cráneo y todos sus elementos, en especial los que constituyen la base del cráneo tan rica en detalles. También de las vértebras que componen la columna. Además, informa sobre el cerebro, la cantidad de líquido cefalorraquídeo, la existencia de ictus hemorrágicos o isquémicos, si hay inflamación o la sospecha de determinados tumores. En combinación con contraste radiológico se pueden estudiar las arterias y venas del cerebro permitiendo estudiar el árbol vascular en busca de aneurismas o malformaciones arterio-venosas. Toda esta información se puede procesar de manera tridimensional facilitando al neurocirujano una concepción espacial de la posible lesión.
La resonancia magnética (RM) es una prueba basada en la interacción de los diferentes tejidos del cuerpo con un campo magnético obteniéndose imágenes de alta resolución y gran valor diagnóstico. Requiere de mayor tiempo para su realización que el TAC y para algunos pacientes resulta incómoda por estar posicionado en el interior de un tubo y el ruido que genera. Las diferentes secuencias de imágenes obtenidas aportan gran detalle acerca de la anatomía del cerebro y la médula espinal, identificando todos sus componentes: sustancia gris y blanca, núcleos, posibles áreas de infarto o de infección, tumores benignos y malignos, entre otros. Estudios de resonancia más específicos muestran la vascularización arterial y venosa del cerebro, el grado de perfusión del tejido cerebral en cada región, incluso la naturaleza bioquímica de determinadas zonas.
4. Pruebas de laboratorio.
El análisis en sangre y cuantificación de determinados elementos también aporta información al neurocirujano. El estudio de las células sanguíneas orienta sobre si puede existir una infección en el sistema nervioso central y cuál está siendo su evolución con el tratamiento administrado. Ante situaciones críticas que afectan al cerebro tras un traumatismo grave o hemorragia cerebral es de capital importancia evitar la anemia y corregirla si se produce. En estos casos es vital mantener la oxigenación de la sangre en rangos adecuados. La alteración de determinados componentes bioquímicos de la sangre puede explicar ciertos estados de consciencia alterado.
El líquido cefalorraquídeo obtenido de una punción en la columna vertebral o directamente desde el cerebro también es objeto de estudio. Se analiza su color, los sustratos que contiene y, al igual que en la sangre, las células y elementos bioquímicos que lo componen. Patologías como la meningitis, hemorragia subaracnoidea, y diseminaciones tumorales pueden ser diagnosticadas con estos estudios de laboratorio.
5. Pruebas neurofisiológicas.
El neurofisiólogo es un especialista que estudia la función del sistema nervioso mediante la medición de su actividad bioeléctrica. Estudia tanto el cerebro y la médula como los nervios periféricos.
El electroencefalograma muestra la actividad eléctrica del cerebro. Es de gran utilidad para conocer si existen áreas con función que está anómalamente disminuida o aumentada como ocurre en los casos de epilepsia.
Los potenciales evocados muestran en qué estado se encuentran las vías nerviosas que transmiten la sensibilidad, la orden motora, la sensación visual o auditiva.
El electromiograma y el electroneurograma estudian el funcionamiento de los nervios periféricos y cómo inervan a los diferentes grupos musculares de nuestro cuerpo.
Por último, los estudios del sueño valoran la calidad del descanso y cómo el sistema nervioso central se comporta durante el mismo.
Testimonios
¿Qué dicen nuestros pacientes
A.F. 19/03/2025
El doctor López es un profesional maravilloso: minucioso, resolutivo, empático. Estudia tu problema a fondo y encuentra la mejor solución y se atreve a ayudarte cuando otros te dan por perdido o simplemente es demasiado complicado para ellos. Por eso lo recomiendo vivamente. Grac
L.G. 14/03/2025
Experiencia totalmente buena, el doctor estuvo conmigo más de media hora, viendo los informes e imágenes que le llevaba y dándome una valoración y un trato muy bueno. Gracias.
A.F. 05/04/2024
Cuando algunos neurocirujanos se desentendieron de mí por falta de profesionalidad y sin dar explicaciones, el doctor López tuvo la valentía de operarme de una hernia discal dorsal que me comprimía la médula, consiguiendo el material humano e instrumental. Gracias.
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